Aguas! Aguas!
Como la cantidad de trabajo ha aumentado (la cantidad de susto es inversamente proporcional a los días que faltan para la entrega), no hemos podido salir mucho.
Los últimos días han habido algunos movimientos, y acá en México dirían "aguas! aguas!" (traducción: "está quedando la ca...").
Entre el 16 y el 22 de Marzo se llevó a cabo el "Foro Mundial del Agua", y cerca de la casa se presentaron algunos manifestantes con la correspondiente fuerza pública. El 16 se agarraron un rato y hubo algunos disturbios, pero después todo se normalizó.
Aún no hay novedades con el famoso escándalo del
"gober precioso" (audio de la conversación
aquí, y transcripción de la conversación
aquí), que cuando lo escuché por primera vez no pude parar de reírme de tanta corrupción junta. Esa no es la mejor parte: al día siguiente el problema del partido del gobernador no era investigar la corrupción, sino encontrar "al maldito que hizo tamaña grabación". Son un chiste.
Como no todo puede ser malo, hace unos días probé el "pozole", otro plato típico de México. Es un caldo, generalmente de cerdo o pollo, bien picante, con un maíz de granos inmenso, y varios aliños y verduras. Es muy rico y el tamaño "grande" en que lo sirven, es un bowl gigante como de un litro.
La Vero ha salido a pasear harto y ha aprovechado de ir a unos outlets de marcas en donde se encuentra de todo bastante más barato (electrónica y ropa están muy buenos).
Guanajuato, patrimonio de la humanidad...
El sábado 4 de Marzo me tocó

trabajar en Querétaro. Me fuí temprano, y la Vero partió después con Marcello (quien también tenía reunión allá, pero más tarde), Claudia y Sofía. Mientras Marcello y yo trabajábamos, Claudia y la Vero aprovecharon de pasear (visitar los malls) con la Sofía.
Cuando terminamos, nos pasaron a buscar

y partimos a Guanajuato. Eran casi las 20:00 por lo que ya estaba obscuro. Entre tanta carretera, tuvimos que irnos fijando en cada letrero para tomar el desvío correcto. Como dato curioso, a 50 Kms. antes de llegar a Guanajuato pasamos por una zona que se llama "Rancho Grande" (¿será el de la canción?).

Finalmente llegamos. Nos habían dicho que era una ciudad bonita para visitar, pero nunca nos imaginamos que era para tanto. Lo que nos habían contado era que habían hartos túneles, a lo que nosotros preguntábamos "¿¿¿y???". Pero realmente hay que verlo para poder creerlo.

Luego de pasar un pequeño túnel, vino otro más largo, y luego entramos a uno que comenzó a bajar. A medida que avanzábamos veíamos carteles de tránsito, intersecciones y tráfico común y corriente, pero bajo tierra. De vez en cuando se abría la tierra, y entonces

se podían ver ventanas y balcones que salían de las rocas, ya que la ciudad completa cubre una serie de cerros en donde las casas están muchas veces a medio enterrar, y se interconecta con una red de túneles que eran originalmente minas de oro y plata.
Desde el año 1.552

y con la llegada de los españoles, ya comienzan las explotaciones mineras en la zona. De hecho Guanajuato constituía una de las principales fuentes de ingreso para el imperio español, sus colonias y conquistas.
Luego de dar un breve paseo por la ciudad,

fuimos a buscar hotel. Estaba casi todo lleno (hay muchos turistas durante todo el año) y al final alojamos en el "Gran Plaza" y salimos a comer. Fuimos hasta algo así como el centro de Guanajuato y comimos en un restaurant muy bueno, en donde por primera vez vimos los burritos en la carta (ya que estamos más al norte, y los burritos son parte de la comida tex-mex, o mezcla gringo-mexicana). Pedimos unos para picar,

y luego probé una carne que estaba muy buena. Nos pedimos unas cervezas, yo tomé un tequila con sangrita y nos fuimos a dormir para salir al día siguiente temprano.
Al día siguiente nos levantamos y tomamos desayuno en el hotel.

Cuando terminamos nos fuimos a recorrer la ciudad. Dimos unas vueltas y estacionamos el auto para seguir a pie. Lo primero que llama la atención es lo parecidas que son algunas calles con Valparaíso. Hay una iglesia en cada cuadra (todas del siglo XVII) muy bien conservadas. Pasamos por

la universidad de Guanajuato, que es como un castillo blanco inmenso. Para donde mirábamos, estaba lleno de esculturas y piletas. Cuando nos dió hambre, almorzamos en un restaurante al lado del que habíamos probado la noche anterior. Acá volví a probar los burritos, doritos con guacamole y jugo de naranja natural. Cuando terminamos, fuimos hasta un funicular que sube hasta el mirador de guanajuato.

En la cima hay una escultura gigante de un procer de Guanajuato. Era un mexicano que durante la conquista de los españoles, mientras se libraba la batalla de independencia y como minero que era, se puso unas planchas de piedra en la espalda y la cabeza (para cubrirse de las balas),

y se arrastró hasta la casona en donde se habían atrincherado españoles con una antorcha en la mano. Cuando llegó, le prendió fuego a la entrada, y así pudieron finalmente ingresar y vencerlos.
Desde ahí arriba se ve todo y se puede comprar artesanía y recuerdos. Cuando terminamos, aprovechamos de conocer una plaza, otras varias esculturas,

y partimos a buscar el auto para ir a ver las momias. Resulta que por la composición del suelo, los muertos en lugar de descomponerse se momifican, por lo que alguien tuvo la brillante idea de sacar los cuerpos y exibirlos. LLegamos al lugar, y toda la zona gira en torno al mercadeo de la imagen de las momias. Dulces de momias, llaveros de momias, fotos con momias, etc... Luego de comprar la entrada, pasamos por cada uno de los 119 cuerpos momificados en exposición, incluída la momia más pequeña del mundo.

Luego del recorrido, tomamos el auto y partimos de regreso a Ciudad de México.