Viaje a Acapulco, día 1...
Nos fuimos al terminal de buses, y
nos hicieron pasar por un detector de metales (como en el aeropuerto) y un policía registraba a los pasajeros antes de subir. El bus era muy cómodo y los asientos eran bien amplios, pero para comer solo ofrecen un paquete chico de maní y bebida para rellenar. Luego de 5 horas de viaje y que se nos taparan los oídos (hay mas de 2.000 metros de altura de diferencia entre D.F. y Acapulco) lo primero que me impresionó fue el clima húmedo.
Lo había escuchado muchas veces, pero nunca pensé que fuera así. Me lo habían descrito como un sauna, y yo siempre pensaba "Ah!... debe ser muy caluroso", pero en realidad la mejor forma de definirlo es eso: un sauna. Es como ir saliendo de la ducha caliente, y que todo estuviera con vapor... sólo que el vapor no se va nunca.
Llegamos y tomamos unos taxis que nos cobraron 100 pesos mexicanos hasta el apart hotel en donde nos alojaríamos. Sólo el último día nos enteraríamos que en realidad se dieron una vuelta increíblemente larga, que acá en el D.F. no habría costado más de 20 pesos mexicanos.

Llegamos finalmente, bajamos las maletas y nos instalamos en el apart hotel. La Vero entró a la pieza y no lo gustó. La alcancé a fotografiar en su momento "Yo me voy de aquí" mientras agitaba su mano. Cuando paré de reír, buscamos a Marco que andaba con su polola que llegó de Chile a visitarlo, y salimos a dar una vuelta.

Vimos hartas discos y restaurantes que nos tincaron muy entretenidos, así es que esperamos poder conocer la mayoría. Finalmente caímos a un Burger King (lo único que habíamos comido en todo el día era el desayuno) porque fue lo primero que vimos.
Volvimos al hotel, con la intención de levantarnos temprano para ir a conocer.

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