Expulsado a Guatemala...
Como tenía que arreglar el problema con mi visa, tuvimos que organizar con Ricardo un viaje fuera de México. La primera intención fue hacer un vuelo flash a Chile, pero luego (por tiempo) lo cambiamos por el viaje al país más cerca que existiera: Guatemala.
Sin averiguar mucho, hicimos un bolso y el día Miércoles en la mañana nos fuimos directamente a una agencia de viaje. Ahí nos vendieron pasajes para las 14:00 a Guatemala, con regreso al día siguiente a las 10:30 de la mañana. Tomamos un taxi y partimos directo al aeropuerto. Aprovechamos de almorzar en un "Ruby Tuesday" dentro del duty free mientras esperábamos la llamada. Finalmente nos embarcamos y 2 horas más tarde ya estábamos haciendo los trámites de aduana en Guatemala. Lo primero que hicimos fue cambiar dólares. La moneda oficial de Guatemala es el Quetzal, nombrada así en honor al ave nacional de Guatemala, que es un pájaro verde con pecho rojo. El cambio estaba a 7,5 quetzales por dólar (algo así como 70 pesos chilenos por quetzal).
Nos pusimos a buscar hotel, y luego de conseguir un mapa de la ciudad y averiguar cuáles eran las mejores zonas, nos conseguimos uno cerca del aeropuerto y del centro nocturno de la ciudad. El hotel se llamaba San Carlos, y por 100 dólares nos dieron una suite que tenía living, comedor, cocina, 2 habitaciones, traslado aeropuerto-hotel, hotel-aeropuerto y desayuno continental.
Mientras veníamos en el taxi al aeropuerto, pasamos por un lugar en donde nos indicó que era la "zona viva". Salimos decididos a ir para allá, y en el camino comprobamos que es una ciudad chica. Comparativamente, sería como alguna ciudad de provincia en Chile. 
Llegamos a la zona viva y lo primero que nos llamó la atención, es que la zona estaba muerta. No había ni un alma. Era inmensa eso sí: Son cuadras y cuadras de locales tipo Avda. Suecia allá en Chile. Bares, restaurantes, discotecas, casinos, bingos, etc... Frente a cada local en donde se manejara dinero (bingos, hoteles y casinos) habían guardias armados con metralletas "para nuestra seguridad" nos decían... Frente a cada restaurant lujoso, vans negras con vidrios polarizados y guardias con lentes oscuros, indicando que alguna "personalidad" se encontraba en el interior. De pura casualidad fuimos a dar a un mall, con hartas tiendas, cuatro pisos y casino incluído en el último. Dimos una vuelta y decidimos volver cerca del hotel en donde habíamos visto un pool.
Pasamos a jugar unas mesas y a tomarnos unas cervezas, y cuando finalmente nos dió hambre, partimos a alguno de los restaurantes que habíamos visto en el camino. Decidimos pasar a uno que decía que era de carnes y mariscos (y que tenía su correspondiente van de guardias a la salida). Entramos, y como no había mucha gente (al igual que en todo el resto de los locales) nos atendieron como 5 mozos. Pedimos un trago a base de jugos y ron y una entrada de anillos de calamares apanados con salsa tártara. De plato de fondo nos pedimos unos medallones de puyaso (lomo en Chile) con camarones a la plancha, papas asadas, elote (choclo) y ensalada de lechuga con tomate, todo matisado con un Cabernet Sauvignon Gran Reserva del 2003 de la viña Cousiño Macul. Al final nos mandamos un postre y nos fuimos a descansar al hotel.
Al día siguiente nos levantamos y pedimos el desayuno a la habitación.
Traía un sandwich y frutas varias (melón, sandía, piña y papaya). Cuando terminamos, partimos al aeropuerto y como nos quedaba tiempo y quetzales, compramos algunos recuerdos. Finalmente tomamos el avión de regreso y al llegar continuamos con el trabajo.

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