lunes, diciembre 12, 2005

Recorriendo ciudad de México...

Nos despertamos y tomamos desayuno. Aprovechamos de comprobar algunas leyes físicas, porque como ciudad de México se encuentra a mayor altura (2.235 metros sobre el nivel del mar) el agua hierve a menor temperatura. Al tomar café, el agua no está caliente como en Santiago. Por lo que nos dijeron, es un infierno intentar cocinar arroz, ya que queda duro y medio crudo, por lo que utilizan siempre tostador (aún no entiendo porque esto mejora la cocción, pero ya habrá tiempo de comprobarlo).

Luego de desayunar, Marco (un compañero de oficina que lleva más tiempo en México) se ofreció como guía turístico.

Salimos al paseo de la reforma y en el trayecto hay varias campanas que se pueden tocar. Después de mucho caminar, pasamos a ver la feria de libros en donde hacían lecturas de libros y poemas. Llegamos a la misma esquina en donde habíamos almorzado en Mc' Donalds el día anterior, pero ahora entramos por la calle al interior. A esa zona se le llama el barrio rosa. De día es muy turístico con varios restaurantes, y de noche se transforma en... bueno... barrio "rosa".

Almorzamos en un restaurante típico. Lo más notorio es que el almuerzo es exagerado. Cualquier menú se compone de una sopa, de un plato de fondo del porte de una olla, y a veces acompañamientos "por si queda con hambre", como bowls de arroz, porotos u otras rarezas que espero probar pronto (huevos de hormigas). Partimos con la clásica sopa de entrada, que viene con cebolla, arroz, garbanzo y pollo. Siempre traen pan, galletas de agua, mantequilla, limón de pica, una salsa verde, y escabeche de zanahorias, brocoli (hasta acá todo normal), zapallo italiano, papas y ají jalapeño. Como todo lo anterior estuvo con el ají, por supuesto que todo eso es picante. Luego, de plato de fondo y como estamos conociendo, opté por un molcajete. Este es uno de los tantos platos típicos. Se sirve en una olla fabricada de piedra volcánica que se coloca al horno, y por lo tanto llega hirviendo a la mesa. En una especie de salsa espesa, vienen tiras de carne, pollo, cebollines, tiras de cactus (se le quitan las espinas), longaniza, queso y por supuesto ají. Al comensal se le traen todas las tortillas de maíz que su estómago pueda soportar o hasta que vomite (lo que ocurra primero).

Luego de salir rodando, dimos un paseo por la zona en donde el resto de los restaurantes ponen a la vista sus platos tipo vengaaverlamitaddelavacaquehicimoscaberenunplato, con esculturas cada diez metros.

Pasamos a un supermercado típico, luego a uno de los malls y en el camino pudimos comprobar que efectivamente acá en México inventaron las piñatas.

Volvimos a las suites a descanzar un poco, y en la noche volvimos a salir junto a Ricardo y Clarisa para festejar el cumpleaños de la Vero. Fuimos al Hard Rock café, que queda muy cerca de donde alojamos. En el camino, aprovechamos de ver las vacas que el día anterior no habíamos podido ver con cuidado y la que más nos dió risa era una imitación del ángel de la independencia.

Llegamos finalmente y pedimos cosas para picar y unos tragos. Nos sacamos unas fotos, y aprovechamos de ver el calendario. El Miércoles toca Molotov, así es que vamos a ver si podemos venir. Finalmente tomamos el taxi de vuelta y regresamos sanos y salvos. El día de mañana es feriado, y al parecer la embarrada quedará mañana, ya que cerca de 7 millones de peregrinos llegan a la ciudad para las festividades de la Virgen de Guadalupe.